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Santiago de Chile, domingo 31 de agosto de 2008
Reseña de Libro: LA DEMOCRACIA INTERNACIONAL
Una introducción al pensamiento político de Jacques Maritain, Club de Lectores, Bs.Aires, 2008.-

En la segunda mitad del siglo pasado, la editora Club de Lectores de Bs. Aires se especializó en la divulgación de los textos de Jacques Maritain. En este comienzo del nuevo siglo quiere retomar la misma senda, no reeditando necesariamente los textos clásicos del filósofo francés, aunque ya se ven poco en librerías, sino publicando a quienes buscan enfrentar la problemática actual, a la luz del pensamiento maritainiano.

Un primer intento es el libro que comentamos, sobre la democracia bajo un prisma mundial. El debate intercultural e incluso religioso de nuestros días puede iluminarse si se confronta con el pensamiento de quien fuera un extraordinario maestro del diálogo democrático, sin renunciar nunca a su fe y sin pretender que los demás renunciaran a las suyas.

Los autores – Luigi Bonanate, profesor de Relaciones Internacionales y DD. HH. en la Universidad de Torino, y Roberto Papini, catedrático de Ciencia Política de la Universidad Libre María Assunta de Roma – reconocen que no saben como habría reaccionado Maritain frente a la crisis de civilización de nuestros días. Saben que la teoría democrática ha recorrido un largo camino, pero nos recuerdan también que aún no ha encontrado un reconocimiento definitivo en el orden mundial. En este sentido, la internacionalización de la democracia, sea Estado por Estado, sea en las relaciones entre los Estados, con miras a la “sociedad política mundial” que alguna vez Maritain avizoró, es un tema pendiente y muy actual.

Desde los tiempos de Maritain se acentúa cada vez más en nuestras sociedades la soledad del individuo, “pequeño dios enfermo en un mundo hoy mudo y sin banderas”. El filósofo cristiano superó la pura confrontación anti–moderna y abrió el diálogo de la Iglesia con la civilización actual, el liberalismo y el comunismo. Postuló la influencia de lo espiritual sobre lo temporal, pero reconoció la autonomía de la política y sus propios fines. Promovió el surgimiento y desarrollo de una sociedad personalista y comunitaria, en que se armonizaran los derechos individuales con las aspiraciones de las comunidades.

R. Papini plantea que ya no se trata de entender el ideal histórico de Maritain como un proyecto político actual, sino más bien como una metodología, una suerte de brújula para orientarse en la historia. Es un hecho que el escenario histórico ha cambiado y las dificultades parecen haber aumentado. Presenciamos el advenimiento de un hombre post-ideológico desilusionado respecto a los antiguos mitos y más difícil de captar por los nuevos. Pero la propuesta de un mundo que ofrezca un estilo de vida sobrio y austero, de profundas solidaridades humanas, no ideológicas, parece continuar vigente.

En Chile la filosofía política de Maritain se ha confundido mucho con el proyecto político de la Democracia Cristiana, como si Maritain no hubiera sido más que el filósofo político de una coyuntura determinada. Se olvida el amplio espectro de los temas que abordó y su visión general de un humanismo integral, afincado en una visión ciertamente cristiana, pero abierta a la diversidad de las realidades humanas. Más que el filósofo de la Democracia Cristiana, debe considerársele como un filósofo cristiano de la política.

En la actualidad, la Democracia Cristiana europea ha evolucionado hacia formas políticas conservadoras y, por el contrario, parte del socialismo del viejo continente, dejando de lado las capillas marxistas, se encuentra en la búsqueda de un nuevo humanismo. Dicha realidad abre perspectivas a un análisis menos sesgado del pensamiento maritainiano.

Frente a la crisis del Estado en general y a la sobrecarga del Estado social en particular, con que hoy nos enfrentamos, surgen los riesgos de colonización de lo privado por parte del Estado, como así mismo el evidente peligro de la privatización del Estado.

L. Bonanate enfrenta el tema de las posibilidades de democratización de un mundo globalizado. Se trataría de verificar si la idea del Estado soberano, tradicional o comúnmente entendido, puede trasferirse correctamente al ámbito internacional. Nos recuerda que Maritain advirtió que la interdependencia de las naciones era – ya en esa época –meramente económica, “no aceptada voluntariamente ni políticamente concertada”.

Luego analiza diversos aspectos de la problemática de la actual globalización, y hace presente como el viejo Maritain afirmó que “una sociedad a escala mundial implicará inevitablemente profundos cambios en las estructuras sociales y económicas”, y que para favorecer la causa de la paz, era necesario “convencer a los pueblos de las naciones occidentales” para que aceptaran “una importante disminución en sus estándares de vida”.

Detrás de todo está el problema de la paz nunca verdaderamente alcanzada, para lo que se necesitaría que el Estado contara menos que en el pasado. El abandono de los mitos de soberanía facilitaría la emergencia de una sociedad política mundial y la globalización podría tener resultados positivos, siempre que las naciones renunciaran a sus egoísmos.

Originado en distintos ensayos y conferencias, este libro es una interesante síntesis del pensamiento de Maritain, y un punto de partida para nuevas elaboraciones. Una nota biográfica y otra bibliográfica ayudan a orientarse en la vida y extensa producción del filósofo.

SFA.-
27-08-08.-






Santiago de Chile, lunes 14 de julio de 2008
El humanismo está en Peligro
por Sergio Fernández Aguayo

El Instituto Jacques Maritain de Chile inicia con esta página Web un trabajo de divulgación del pensamiento del filósofo francés y de información de sus actividades. Nos anima una inquietud fundamental. Vivimos una etapa en la evolución de Chile y el mundo en que el humanismo, el verdadero humanismo del que nos hablara Maritain, se encuentra en peligro

Nuestro filósofo supo reflexionar sobre los problemas de su tiempo, y en verdad tuvo una clarividencia profética, ya que en su época - bastante distante ya de la nuestra – procuró dar un exacto significado al concepto de soberanía del Estado, relativizándolo, anunció la crisis del Estado-Nación, y reflexionó sobre un eventual gobierno mundial, sus dificultades, necesidad y consecuencias, especialmente en cuanto al resguardo de la paz.

Muchos percibimos en que en la época actual, la humanidad vive un momento crítico en su historia. Los parámetros mentales y morales del presente no parecen corresponder ya a la experiencia concreta que le tocó vivir a nuestro filósofo.

Es verdad que la dignidad humana conoció en el s. XX un terrible asalto. Recordemos los inmensos y sistemáticos asesinatos colectivos de las dos guerras mundiales. Pero la identidad humana, aunque estuvo en duda la cuestión de su origen y de su porvenir, tuvo fuerza para resistir esos aniquilamientos.

Hoy día, una evolución bien distinta pone en cuestión una condición humana inmemorial: el ser humano pierde sus límites y siente desmembrarse la identidad que le abrigó durante siglos. Los fenómenos nuevos que se despliegan en diversos escenarios son muchos. Señalemos algunos:

En el plano de las ciencias, los robot y la conquista del ciberespacio aumentan en forma exponencial las capacidades humanas, pero éstas se desvinculan cada vez más de la persona. Es como si los instrumentos salidos de sus manos pudieran desposeerlo de sus poderes, y mañana quizás de su voluntad.

Esos fenómenos son más marcados en el plano de la genética y de la biología, donde las funciones de reproducción de la especie parecen comenzar a escapar a su actividad y a su conciencia. El hombre va perdiendo su voluntad de reproducirse - al menos en el mundo occidental - y quizás pueda llegar a ser producido, sobre la base de su “material” biológico. Las técnicas de clonación causan temor.

En el plano de la economía, los conceptos económicos, las técnicas de mercado, parecen invadir todos los campos del acontecer humano. La gratuidad, la amistad cívica, la solidaridad humana, corren riesgo de desaparece en el nuevo mundo que se insinúa.

Un mundo único y unificado, una “aldea global” que se instala por medio de los circuitos de información y de la economía, parece ofrecer una unidad que conlleva destrucción. El imperativo de los mercados y la voluntad de sus controladores amenaza con eliminar la forma de vivir de grupos humanos, de realidades étnicas, de regiones enteras, disolviendo sus identidades en un gran magma universal. El equilibrio de las relaciones con el mundo de esas realidades que van quedando al márgen, se ve también en peligro. Los seres humanos se van transformando en meros factores de un mercado mundial.

En muchas partes los individuos y los grupos no parecen sentirse satisfechos en el marco de sus identidades nacionales. El pluralismo quizás desmedido de las sociedades democráticas torna caducas las formas del Estado-Nación heredadas del s.XIX . Ninguna sociedad está segura de su identidad y menos de su capacidad de trasmitirla a nuevas generaciones.

Pareciera que un pluralismo democrático mal entendido acentúa cada vez más el individualismo. Las identidades sexuales clásicas parecen sentirse en retirada frente a la demanda exacerbada de evidentes minorías. La imagen misma de lo Humano, imagen doble, nacida de la unión del hombre y la mujer, que hace surgir en su seno un ser, que es otro y que es al mismo tiempo continuidad de ambos progenitores, está también en peligro. En este sentido, bajo la máscara de un liberalismo progresista que rechaza toda norma, caminamos hacia una gran indiferenciación en materias que dicen relación con la condición humana.

Los grandes ideales del pasado, que movilizaban juventudes y daban sentido a la vida de enteras generaciones, están hoy en retirada. La política parece ser el reino de meras luchas por el poder, al margen de consideraciones éticas. La entrega generosa a ideales compartidos parece fuera de foco. Un hedonismo práctico que quiere todo aquí y ahora se va imponiendo por doquier. Y cada ser humano no es reconocido por lo que es, sino por su utilidad en la construcción de una especie de Torre de Babel contemporánea.

La realidad que describo es diferente a la que observaba Maritain en las primeras décadas del siglo pasado, pero él ya percibía como “las naciones habían dejado de ser autónomas en su vida económica y lo eran solo en parte en su vida política, y que ninguna organización política mundial correspondía a la unificación material del mundo” (“El Hombre y el Estado”, Ed. Kraft, Bs. Aires 1952, Pag 220) Y detectaba también progresiva exclusión social, preeminencia del individuo sobre la comunidad y el arrinconamiento del espíritu, por los avances de una mentalidad materialista. Todo eso ha aumentado a escala universal, sin que se perciban respuestas que debieran ser ante todo políticas y espirituales, y por ende sólidamente afirmadas en una dimensión ética.

En su época, Maritain rechazó siempre caer en la nostalgia de un pasado como la Cristiandad Medieval, en que lo sacro primaba en la sociedad, pero enseñaba también que el Renacimiento aunque había revalorizado la condición humana, había empujado hacia una Iluminismo que en siglos posteriores no logró una síntesis armoniosa entre Razón y Revelación.

De allí que Maritain postulara primero una Nueva Cristiandad, una sociedad secular, pero trabajada desde dentro por el testimonio vital de hombres y mujeres de Fe. En “El Hombre y el Estado”, Maritain no habla ya de Cristiandad (aunque la idea permanece en el trasfondo de su pensamiento) sino simplemente de democracia. Nuestro filósofo sostenía con fuerza la posibilidad de colaboración entre hombres de fe religiosa y de convicciones políticas diversas, sobre “principios prácticos comunes”. Toda su colaboración con la UNESCO y su aporte a la Declaración Universal de los DD.HH. se afirma en esta convicción fundamental.

Pero Maritain nos dice que el pluralismo religioso y político debe construirse a partir del reconocimiento de las diversas identidades y de la aceptación de ciertos valores compartidos. Cuando eso no sucede “el riesgo de la alianza entre democracia y relativismo ético quita a la convivencia civil cualquier punto seguro de referencia moral” (“Veritatis Splendor”, Juan Pablo II, N° 101)

Cuando esos valores de debilitan o parecen en crisis se presenta al pensador y al político cristiano una tares “ardua, paradojal y heroica”, porque el humanismo integral no es un humanismo de la tibieza.

En la evolución de la humanidad que hoy percibimos, es muy útil recordar los textos filosóficos y políticos de Maritain. También debemos tener presente la Fe del filósofo y su lealtad profunda a los valores del espíritu, que lo llevaban a fortalecer su confianza en el ser humano.

No resulta fácil creer en el hombre, en el mundo actual. “Sucede que me canso de ser hombre” afirmaba Neruda en su Residencia en la Tierra. Pero la creencia en el hombre debiera ser la afirmación radical del humanismo cristiano de nuestros días, porque el ser humano fue hecho a imagen y semejanza de un Dios que no puede dejar de mirar con amor su creación.
Santiago de Chile, lunes 28 de abril de 2008
Bienaventuranzas del Politico

Por: Por el siervo de Dios, el cardenal François-Xavier Nguyên Van Thuân (1928-2002)

El Pontificio Consejo Justicia y Paz ha publicado las «Bienaventuranzas del político» formuladas por el siervo de Dios, el cardenal Van Thuân –quien presidió el dicasterio-- en 2002, año de su muerte. Estas propuestas las ha vuelto a presentar el cardenal Renato Martino --actualmente al frente de Justicia y Paz-- en su discurso del pasado 8 de octubre en La Plata (Argentina). Ofrecemos el texto.

1. Bienaventurado el político que tiene un elevado conocimiento y una profunda conciencia de su papel. El Concilio Vaticano II definió la política «arte noble y difícil» (Gaudium et spes, 73). A más de treinta años de distancia y en pleno fenómeno de globalización, tal afirmación encuentra confirmación al considerar que, a la debilidad y a la fragilidad de los mecanismos económicos de dimensiones planetarias se puede responder sólo con la fuerza de la política, esto es, con una arquitectura política global que sea fuerte y esté fundada en valores globalmente compartidos. 2. Bienaventurado el político cuya persona refleja la credibilidad. En nuestros días, los escándalos en el mundo de la política, ligadas sobre todo al elevado coste de las elecciones, se multiplican haciendo perder credibilidad a sus protagonistas. Para volcar esta situación, es necesaria una respuesta fuerte, una respuesta que implique reforma y purificación a fin de rehabilitar la figura del político. 3. Bienaventurado el político que trabaja por el bien común y no por su propio interés. Para vivir esta bienaventuranza, que el político mire su conciencia y se pregunte: ¿estoy trabajando para el pueblo o para mí? ¿Estoy trabajando por la patria, por la cultura? ¿Estoy trabajando para honrar la moralidad? ¿Estoy trabajando por la humanidad? 4. Bienaventurado el político que se mantiene fielmente coherente, con una coherencia constante entre su fe y su vida de persona comprometida en política; con una coherencia firme entre sus palabras y sus acciones; con una coherencia que honra y respeta las promesas electorales. 5. Bienaventurado el político que realiza la unidad y, haciendo a Jesús punto de apoyo de aquélla, la defiende. Ello, porque la división es autodestrucción. Se dice en Francia: «los católicos franceses jamás se han puesto en pié a la vez, más que en el momento del Evangelio». ¡Me parece que este refrán se puede aplicar también a los católicos de otros países!6. Bienaventurado el político que está comprometido en la realización de un cambio radical, y lo hace luchando contra la perversión intelectual;lo hace sin llamar bueno a lo que es malo;no relega la religión a lo privado;establece las prioridades de sus elecciones basándose en su fe;tiene una charta magna: el Evangelio. 7. Bienaventurado el político que sabe escuchar, que sabe escuchar al pueblo, antes, durante y después de las elecciones;que sabe escuchar la propia conciencia;que sabe escuchar a Dios en la oración.Su actividad brindará certeza, seguridad y eficacia. 8. Bienaventurado el político que no tiene miedo. Que no tiene miedo, ante todo, de la verdad: «¡la verdad –dice Juan Pablo II-- no necesita de votos!».Es de sí mismo, más bien, de quien deberá tener miedo. El vigésimo presidente de los Estados Unidos, James Garfield, solía decir: «Garfield tiene miedo de Garfield».Que no tema, el político, los medios de comunicación. ¡En el momento del juicio él tendrá que responder a Dios, no a los medios!François-Xavier Card. Nguyên Van Thuân[Traducción del original italiano realizada por Zenit]
Santiago de Chile, martes 1 de abril de 2008
Descubriendo a Jacques Maritain
Breve Reseña Personal

Por: Jaime Correa Díaz


Al filosofo francés Jacques Maritain lo pude descubrir por una casualidad política a fines de la década de los ochenta del Siglo XX. Fue en una de las tantas e interesantes conversaciones de juventud con nuestros mayores - en un ambiente donde lo político- ideológico tenía un rol fundamental- cuando escuche por primera vez su nombre e inmediatamente comencé con su búsqueda debido a la inquietud que me produjo. Sí bien los textos no eran abundantes, sus reflexiones y citas inspiraban y empoderaban profundamente. Las primeras lecturas fueron algo confusas, dado el lenguaje del filósofo que no pude comprender a primera vista. Había que realizar un esfuerzo mayor de compenetración. Faltaba madurez y conocimiento de su
obra.

Lo primero que comprendí – a partir de Maritain- fue que la política no era una cuestión solamente de poder o ganar elecciones (en esos años del trascendental Plebiscito de 1988) sino que tenia (y debe tener) un sentido más profundo y trascendente. Marx, Lenin, Trosky, Jaures, Owen o Gramcy entre otros eran para las izquierdas, lo mismo que Maritain (como Mounier) para los demócratas cristianos. En este sentido, fue uno de los inspiradores principales del último siglo del catolicismo moderno en medio de un contexto de irreligiosidad o laicismo vertiginoso en occidente, donde algunas ideologías buscaban encontrar al
verdadero humanismo inmanente sin Dios. Maritain comprendió exactamente lo contrario.

La
realización de la persona humana es junto a Dios y no contra Dios. Para ello, se inspiró en Santo Tomas de Aquino luego de su conversión al catolicismo.

La época del gran debate intelectual e ideológico del Siglo XIX y XX en el paso de la sociedad moderna a la contemporánea, en especial en Europa, encontró a Maritain en medio del fuego cruzado de ideologías, tesis e hitos históricos cruciales para comprender ese pedazo de la historia. La primera Guerra Mundial fue un golpe de muerte para los que pretendían que la historia humana era lineal en medio de un “progreso indefinido”. La Segunda Guerra Mundial, la irracionalidad más grande de la historia, encontró a Maritain en su exilio, luchando contra el totalitarismo nacional socialista desde el plano de las ideas. También se opuso desde el debate intelectual al Estalinismo y el ateísmo. En 1948 fue uno de los principales propulsores de la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

En ese contexto, la figura de Jacques me pareció singular en el mundo intelectual católico que había que nuevamente reestudiar e interpretar frente a los nuevos acontecimientos políticos mundiales y locales. Maritain, con la compañía amorosa e intelectual de Raissa, fue un inspirador de las ideas democráticas, libertarias, con un profundo desarrollo del pensamiento social y del valor inalienable de los derechos humanos.

Sin duda, uno de sus principales aportes en la primera mitad del Siglo XX fue apoyar significativamente la reconciliación entre cristianismo y democracia, conceptos que eran tenidos como contrapuestos desde los tiempos de la Revolución Francesa. Por tanto, es uno de sus principales aportes al mundo contemporáneo. Es decir, de acuerdo a las tesis maritanianas, la democracia de inspiración cristiana logra generar una profundización de ambos términos, logrando entre ambos, un sentido humano y divino, su máxima realización del ideal histórico concreto.

Su figura delgada, alta y reflexiva, pero también un hombre de acción, me siguieron seduciendo en mis primeros años de la Universidad, en la facultad de filosofía y humanidades de la Universidad de Chile, donde todo lo que significará religión, fe o algún similar significaba ser contrarrevolucionario desde el punto de vista político y estar en contra de la modernidad.

Además, Maritain no era de los preferidos de los estudiantes ni en las cátedras. Se prefería a Hegel, Marx, Kant, Heidegger, entre otros. La escolástica la pasaban en algunos cursos de filosofía sin generar el interés de los estudiantes. Maritain era un olvidado intelectual “sospechoso” por su catolicismo para las “mentes iluminadas”.

Algunos han considerado que sus planteamientos teóricos y filosóficos están fuera de boga y que son extemporáneos. Sin embargo, Maritain, pese a los años, hay que releerlo a la luz de los nuevos acontecimientos históricos, políticos e intelectuales. Ahí se encontrara una nueva fuente de iluminación e inspiración política y social para el Siglo XXI.

Santiago, 31 de Marzo de 2008.-
Santiago de Chile, jueves 13 de marzo de 2008
Jacques Maritain
por Martin Luther King Jr.


(Este trabajo fue presentado por el doctor King en un curso de Filosofía Social Cristiana, en 1951, mientras estudiaba en el Seminario de Teología Croze, en Chester, Filadelfia.)


I. Análisis de la Situación Actual.-

Jacques Maritain se destaca como uno de los principales filósofos católicos en la escena contemporánea. Desde su cátedra en el Instituto Católico de París, Maritain observa la edad moderna con un ojo crítico, hace el diagnóstico de sus males y receta el “Tomismo integral” como el remedio infalible para todos sus males.

Maritain diagnostica las fallas de la cultura moderna en términos intelectuales. Según él, los males de la modernidad comenzaron cuando la filosofía abandonó su dependencia de la teología. Esta separación dio inicio a un proceso de disociación que no está lejos del borde mismo de la disolución.

Los tres grandes síntomas de este estado de disociación, en sus últimas etapas, son:



1.- El agnosticismo, o separación completa de la mente que conoce del objeto por conocer;

2.- El naturalismo, o separación completa del mundo de su Fundamento Divino, y

3.- El individualismo, esto es, la separación completa de la voluntad humana rebelde de todo objeto de verdad y obediencia.

Consecuentemente, Maritain se esfuerza en demostrar que el Tomismo es el antídoto para estos alarmantes síntomas y para los males que los generan. Al aplicar el Tomismo como solución general de los muchos problemas de la era moderna, Maritain presta especial atención a dos temas íntimamente relacionados: el tema de la libertad y el tema del destino del hombre.

II. Visión del Comunismo.-

En un sentido, Maritain ve al comunismo como el gran síntoma final de los males de la modernidad. Allí encuentra el ateísmo exaltado a una categoría de religión, en la que el materialismo dialéctico proporciona el dogma y en la que el comunismo, como regla de vida, es la expresión social y ética del sistema.

Semejante ateísmo, de acuerdo a Maritain, no es una consecuencia necesaria del sistema social, sino que, por el contrario, está presupuestado como un verdadero principio de aquel. En otras palabras, Maritain cree que el ateísmo fue una de las causas del surgimiento del comunismo y no una mera consecuencia.

Maritain intenta probar históricamente que Marx fue ateo antes de ser comunista. El origen del comunismo de Marx no fue económico, como lo fue en el caso de Engels, sino filosófico y metafísico. Maritain es muy insistente en este punto y tiene mucho cuidado al establecer su tesis.

Pero no se detiene en eso. Maritain aprecia otra causa en el surgimiento del comunismo, lo que revela de inmediato su objetividad: el comunismo se alzó como una rebelión contra la propia cristiandad. Se originó fundamentalmente a partir de las faltas de un mundo cristiano infiel a sus propios principios.

III. Visión de la Democracia.-

Cuando Maritain entra en el tema de la democracia se refiere a ella de inmediato como el más ideal de los sistemas políticos creados por la mente humana. Su gran virtud descansa en el hecho de haberse desarrollado a partir de la inspiración cristiana. Maritain nos dice: “el impulso democrático ha surgido en la historia humana como una manifestación temporal de la inspiración evangélica.” (‘Cristianismo y Democracia’).

Pero si la democracia tiene sus virtudes, también tiene sus vicios concomitantes, vicios que deben encontrarse justamente en el hecho de haber fracasado en permanecer fiel a sus virtudes. El principio democrático ha intentado muy a menudo subsistir sin el principio cristiano. Es en esta dicotomía donde Maritain encuentra “la tragedia de las democracias”. Él cree que la sobrevivencia de las democracias descansará sobre la condición de que la inspiración cristiana y la inspiración democrática se reconozcan una a otra y lleguen a reconciliarse.

De este breve resumen de la visión de Maritain sobre la democracia no debemos extraer la conclusión de que él identifica la democracia con el cristianismo. Semejante conclusión sería injustificada y gratuita a la luz del pensamiento completo de Maritain. Para él, el cristianismo trasciende todos los sistemas políticos y en ningún caso puede ser puesto al servicio de la democracia, como de ninguna otra forma política, como una filosofía de la vida humana y política.

Así, pues, la única interpretación válida que se puede alcanzar a partir de las conclusiones de Maritain sobre la democracia, es de que ésta viene a ser la aproximación política más cercana a los principios cristianos.
IV. Visión de la Política y de las Relaciones en la Iglesia y el Estado.-

Como sin duda habremos podido notar en el análisis previo, Maritain está lejos de ser un católico en muchos de sus puntos de vista. Este hecho aparece mejor revelado que en ningún otro lugar en su visión política.

Maritain no tiene deseo alguno de ver restablecida la supremacía medieval de la Iglesia sobre el Estado; él sólo espera el día en que “la actividad puramente moral y espiritual de la Iglesia presida sobre un orden temporal de una multitud de naciones políticamente heterogéneas, cuyas diferencias religiosas no parecen destinadas a desaparecer.”

Maritain deplora la inercia social y la actitud reaccionaria de muchos católicos. Algunos años atrás fue objeto de grandes críticas por parte justamente de sus hermanos católicos, porque rechazó considerar al general Franco como el perfecto ‘caballero andante’ cristiano que el Vaticano veía en él.

Si se preguntase cómo es posible que un católico tan leal puede tomar, de ese modo, partido contra los intereses de la propia Iglesia, la respuesta es muy clara: Maritain rechaza identificar los intereses de los católicos con los intereses de la Iglesia o del Reino de Dios.

La Invencible Armada fue enviada por su Altísima Majestad Católica, Felipe II de España, con santa intención y con la plegaria en los labios de los fieles; pero en la cándida opinión de Maritain, Dios no estaba de acuerdo. Para Maritain, los católicos no son el catolicismo, así como los errores, apatías, deficiencias y caídas de los católicos no arrastran al catolicismo.